Un escritor al que frecuentaba me previno. «Si has de entrevistar a Luis Goytisolo ves con cuidado, cultiva su peculiar demonología». Así que mi primer contacto con el más joven de los Goytisolos estuvo lleno de cautela. Sin embargo, Luis Goytisolo no me pareció dominado por ningún tipo de carácter extraño. Fue muy afable, con un punto indefinible de distanciamiento y ensimismamiento. Le entrevisté para el «Diario de Barcelona» por la publicación de su «Antagonía». Pero él se interesó más por mí de lo esperado. Cuando le conté (eran los años 70) mis pinitos sobre el Esoterismo, pareció fascinarle.
De hecho, me invitó en más de una ocasión a su piso de la Avenida Tibidabo. Y cuando le dije que a veces leía el Tarot, se entusiasmó. «Tienes que venir un día y nos lo lees». Me contó unas historias increíbles acerca de una casa antigua de Tarragona, donde pasaba temporadas con su mujer María Antonia Gil Moreno de Mora. Presencias, ruidos. Recuerdo sobre todo cuando relataba que una noche estaban en el dormitorio con la puerta abierta. Escucharon un ruido en el pasillo, como si alguien caminase rozando la pared. El sonido se fue acercando, acercando… Hasta que pasó por la puerta abierta sin que se viera nada. Para continuar por la otra parte del pasillo.
Su mujer María Antonia era una persona de gran carácter, muy sensitiva. Se tomaba esas cosas muy en serio.
Finalmente, en febrero de 1976 me llamó un día por si podía ir a su casa a tirar las cartas. Coincidió justamente con mi mudanza de Sant Cugat a Palma. Estuve todo el día bajando libros y muebles con los de las Mudanzas. Y por la noche me sentía reventado. Pero cogí el tren y me planté en Avenida Tibidabo.
”Cuando le dije que a veces leía el tarot se entusiasmó: ‘Tienes que venir un día y nos lo lees’
Me esperaban Goytisolo, María Antonia y la institutriz inglesa de sus hijos. Cuando los vi haciendo cola con tanta expectación pensé: «Dios mío, voy a hacer el ridículo». Ya era mi fase final de temas esotéricos, y estaba a punto de abandonar esos experimentos. Pero allí estaba.
Recuerdo que le eché las cartas a la chica inglesa, y creo que no salió nada. Tampoco me ha quedado constancia de lo que profeticé a Goytisolo. En cambio, tengo una huella muy clara del mensaje trágico y terrible que se desprendía de las cartas de su mujer. Pero no recuerdo los detalles, porque en estas cosas siempre estabas como medio «colocado».
Salí de allí impresionado por aquella lectura, y creo que ellos también lo estaban.
Me enteré un tiempo después que María Antonia murió en 1993. Y de hecho, muchos años más tarde ya en 2003, un día coincidí por casualidad con Goytisolo en el Club Diario de Mallorca. Hacia muchos años que no nos veíamos. Pero se acordaba de mí. Y sobre todo de las cartas que salieron sobre su mujer.
«Tuviste toda la razón», me dijo con aquella prosopopeya extraña con que se expresaba. Había montado un agroturismo en la masía del Molí del Salt, en Vimbodí, pueblo de Tarragona cercano a Poblet. Quizás la casa de las apariciones espectrales. No lo sé.
Estaba muy enfrascado en dibujar un puente que quería construir sobre un arroyo o un lago de aquel terreno. Y sólo hablaba de eso.
Nunca más volvimos a vernos.
Pero su recuerdo afable me ha quedado grabado de una forma agridulce. Por su amabilidad, pero también a causa de aquella lectura de Tarot que no recuerdo pero que al parecer fue dramáticamente cierta.



