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Almanaque, 10 de marzo de 2024

Reproducimos la entrevista publicada por Juan Ignacio Orúe en eldiario.es el pasado 19 de febrero de 2024

Carlos Garrido, escritor: “El mallorquín sabe vivir y deja vivir, no dirá nada a su vecino sueco si lo ve desnudo”

ENTREVISTA — Autor de una obra profusa, curiosa y prolífica, acaba de publicar Palmesanos, donde retrata a 30 hombres y mujeres que nutrieron su vida en Palma con consejos, compañía e historias cuyo objetivo es rescatar del olvido

Juan Ignacio Orúe

Mallorca — 

Suena el teléfono en Diario de Mallorca. Es temprano, verano, la redacción está vacía. Arturo Valero, el telefonista, moreno e impasible, lee novelitas olvidables, bebe Coca-Cola todo el día. Es un hombre avezado en el arte de despachar a desubicados e insistentes. Atiende.

—Querría hablar con el director— dice un señor enojado.

—¿El director?— pregunta Valero —. Pero si son las ocho de la mañana. El director no está.

El hombre, molesto, insiste.

—Pues quiero hablar con el subdirector.

—Tampoco está, hombre, esto es un diario y la gente llega tarde. ¿De parte de quién?

—Soy el Rey — se presenta finalmente Juan Carlos I.

Valero, segundos antes de cosechar la mejor anécdota de su vida, responde:

—¿El Rey? Pues si tú eres el Rey yo soy Napoleón.

Y cuelga.

Historias como esta rescata del olvido el escritor catalán Carlos Garrido Torres en su reciente libro Palmesanos, una obra con 30 retratos de hombres y mujeres que conoció en Palma. Una especie de catálogo de recuerdos, anécdotas y semblanzas con un fondo de gratitud y amistad por los momentos vividos. Incluye, entre otros, al arqueólogo Cristòfol Veny, a los periodistas Lluís Ripoll y Juan Bonet Gelabert, al escritor Cristóbal Serra y al geólogo y fotógrafo Andreu Muntaner, además de Paco Sans, fundador del comedor social ‘El Zaqueo’, y Rosa Bueno, de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Palma. También recuerda a sus vecinas de El Terreno, las hermanas Catalina y Joana Mulet, y a la pianista Margalida Miró, que conoció cuando vivió en el barrio de la Pau.

“Es una especie de ejercicio de agradecimiento a una ciudad en la que he vivido casi 50 años. A la vez tengo un gusto agridulce, porque Palma también ha cambiado mucho. Cada vez me gusta menos”, dice Garrido Torres a elDiario.es. “Al mismo tiempo es una ciudad que ocupa un lugar muy importante en mi vida. Le debo muchas cosas. Por otro lado, Palma ha tenido el problema de no tener espejo. De tanto generar propaganda turística, tópicos, la gente se ha creído que esos tópicos eran reales y no. Es propaganda. Entonces tiene una imagen difusa de Palma. Muchas cosas ya no existen y en otras es desconocida. Y bueno, explicar desde un punto de vista sociológico es difícil, pero si tú lo explicas a través de personajes se entiende mejor. Mi objetivo con Palmesanos es dejar un testimonio”, añade.

Garrido -quien presentará Palmesanos con un espectáculo el próximo 4 de marzo, a las 19.30 horas, en el Cine Rivoli de Palma- nació en Barcelona en 1950. La recuerda gris, pobre, sucia y reprimida, desagradable e insultante con las mujeres. Aquella hostilidad hizo mella en su carácter de niño introvertido hasta que en los años 60 apareció el rock and roll. “De repente saco toda la energía, pero yo no tenía dinero para comprar guitarras ni tenía formación musical. Entonces mi primera vocación fue hacer canciones. Al mismo tiempo leía bastante, pero tengo una cultura literaria irregular. Algo que siempre me ha motivado es el acto de la comunicación. Un reportaje, una canción, un espectáculo, un concierto. Siempre me interesó porque me parece que es algo vivo”, considera.

Su vida en Palma comenzó en 1975. Trabajó toda la transición en Diario de Mallorca hasta 1986, donde conoció a Arturo Valero. A lo largo de su carrera creó diversas secciones en prensa: “Punto”, “Química pura”, “Palma a Palma”, “Casas de Palma”, “Cafés de Palma” (Diario de Mallorca), “Chip” (Baleares) y “Máquina de Sombras” (Última Hora). En 1987, fue el primer director del dominical “Brisas”, de Última Hora. Y en 1989, el primer director de la “Gran Enciclopèdia de Mallorca”.

Autor de una obra profusa, curiosa y prolífica con más de 50 títulos, lleva décadas narrando diversos aspectos de las Illes Balears. En 1988, publica Mallorca Mágica, primer volumen de la serie Las Islas Mágicas. Le siguen Menorca Mágica (1990), Cabrera Mágica (1991), Formentera Mágica (1993) y Eivissa Mágica (1993). Además, ha escrito guías, ensayos, novelas y obras de divulgación centradas en la época antigua.

¿Por qué seleccionó a personas fallecidas para contar su vínculo con Palma?

El criterio era que fuera gente con una trayectoria acabada, completada. Si haces el retrato de una persona viva, se modifica con el tiempo porque la vida avanza y se convierte en otra persona. Entonces no tenía sentido. La muerte es definitiva, nada se modifica.

El criterio [para la selección del libro] era que fuera gente con una trayectoria acabada, completada. Si haces el retrato de una persona viva, se modifica con el tiempo (...). Entonces no tenía sentido. La muerte es definitiva, nada se modifica

Varios de sus retratados son sus maestros en el periodismo como Juan Bonet Gelabert, Andrés Ferret, Lluís Ripoll y Gabriel Sabrafín. Usted ha trabajado en la gran mayoría de los medios de Balears. ¿Qué diferencia ve entre la prensa de hace 40 años y la actual?

La prensa de aquella época con la actual no tiene nada que ver, pero yo no soy nostálgico. El libro tampoco lo es. No creo que este momento sea peor que aquel. Había cosas buenas y malas como ahora. Ser nostálgico es una simplificación absurda. Pero claro, el periodismo como tal ha experimentado una degradación acelerada en todo este tiempo. Lo viví cuando dejé Diario de Mallorca en mi primera etapa en 1986. Fue el momento en el que las empresas entraron a saco en los periódicos a dirigirlos. El director dejó de ser periodista y se convirtió en el jefe de personal. Fue un cambio bestial. He conocido aquí y en Barcelona directores que eran todo. El gerente, el director. Antonio Alemany, en Diario de Mallorca, y Pedro Serra, en Última Hora, decidían todo, para dar dos ejemplos. Eso después cambió. El poder del director disminuyó y creció la influencia de la empresa y al entrar la empresa los criterios informativos variaron. Se hicieron más flexibles por decirlo finamente.

¿Considera que llegó a convertirse en un periodista de libros como Juan Bonet Gelabert?

Bueno, sí, pero también siempre me gustó publicar en revistas. El libro me gusta porque es un trabajo más complejo y de ciclo más largo con lo cual te permite ir más lejos, hacer cosas ambiciosas. Más análisis, más profundidad y puedes marcar hitos. Por ejemplo, Mallorca Mágica fue un libro que produjo un cambio. No existía nada antes. Entonces eso está muy bien, pero el libro para mí es un poco frío. En el fondo soy un rockero. Me gusta el contacto con la gente. Entonces publicas un libro y hasta que alguien te hace un comentario pasa un tiempo. En cambio, las revistas y los periódicos son más directos. Eso me gusta. La imagen del escritor que está en su casa y en su mundo no me interesa.

También cuenta la historia de las hermanas Mulet, que fueron sus vecinas en El Terreno. Es muy curioso el espíritu de ambas. Hablaban inglés, hacían deporte, excursiones. Como muy modernas para su época.

Eran modernas, pero he conocido otros casos. Ellas eran el prototipo de mujeres de la posguerra, una época machista y difícil en la que se atacaba a las solteronas. Y dijeron: “No, no me voy a casar si no encuentro un hombre, me importa un carajo. No me voy a casar con cualquier tío para tener un marido”. Eran independientes, inteligentes y encantadoras. Viajaban, trabajaban y eran felices.

En el fondo soy un rockero. Me gusta el contacto con la gente. Entonces publicas un libro y hasta que alguien te hace un comentario pasa un tiempo. En cambio, las revistas y los periódicos son más directos. Eso me gusta

Gran parte de su vida se dedicó a escribir sobre Palma y las Illes Balears en general. ¿Tiene alguna teoría elaborada sobre cómo son los palmesanos o los mallorquines?

Viniendo de Catalunya veo muchos rasgos diferenciales de Mallorca, que es lo que me gustó de aquí. Una de las cosas que me gusta de Mallorca es el sentido de la intimidad. Es un sitio amigable. A pesar del tópico que dicen en todos lados de que los mallorquines son gente cerrada, eso no es verdad. Lo que pasa es que el mallorquín tiene sus códigos. Y si no sabes los códigos, pues como todo… El mallorquín es una persona afable que sabe vivir y dejar vivir. Por eso tantos extranjeros han venido aquí. Puede venir un sueco nudista que vive desnudo todo el día y vivir al lado de una familia de pueblo y nadie le dirá nada. Podrán espantarse, incomodarse, pero no le dirán nada. En otro sitio le tiran piedras. Entonces hay esta especie de dimensión más humana de las cosas que hace que te sientas bien.

“Soy un esencialista, me ha importado poco lo que no es importante”

Los perfiles que se encuentran en Palmesanos permiten entrever otros gustos y pasiones que atraviesan a Garrido más allá del periodismo y la escritura. Ese mapa de interés está compuesto por su veta artística y musical que arrastra desde la adolescencia con varios proyectos, presentaciones en vivo y discos grabados. También desarrolló en Mallorca un genuino interés por la arqueología urbana y la divulgación del patrimonio.

En el plano musical, fue parte de Rock & Press, una banda emblemática de la ‘movida’ balear formada por periodistas. Canciones icónicas como ‘Tuve una oferta de IB3’, ‘Puto guiri’, ‘Amor cotorro’ y ‘A todos los cerditos les gusta la corrupción’ fueron parte de los tres discos del grupo que realizó 80 conciertos entre 2005 y 2011 en Balears y Catalunya. “Soy buen compositor de canciones. Un buen letrista. He hecho muchas. En eso sí me considero bueno”, advierte con una sonrisa.

En el retrato de Rosa Bueno, usted cuenta que ella apoyó a Rock & Press. ¿Por qué dice que el grupo era poco presentable si grabaron tres discos?

Sí, ella nos apoyó, pero el grupo era impresentable por completo (se ríe). Éramos muy malos, pero teníamos fuerza porque era una mezcla rarísima. No había ninguno profesional. Gabi Rodas, que era el cantante, está loco. Es un ‘showman’, una especie de Jim Morrison. Se metía al público en el bolsillo. Yo ponía la parte rockera. Por los otros integrantes teníamos influencia sinfónica, punk y metalera. ¿Comprendes? Lo que salía de allí era realmente imprevisible. Rock & Press fue una de estas cosas que pasan en Mallorca. No sé si por fortuna o por desgracia.

En el plano musical, Garrido fue parte de Rock & Press, una banda emblemática de la 'movida' balear formada por periodistas. “Soy buen compositor de canciones. Un buen letrista. He hecho muchas. En eso sí me considero bueno”, advierte con una sonrisa

¿Cómo nació la banda?

Todo fue fortuito por completo. El Sindicato de Periodistas iba a hacer una fiesta. Y buscaban periodistas que supieran tocar instrumentos. Y ahí fuimosPor varias circunstancias empezamos a tener más popularidad. Rock & Press retrató un momento de una sociedad corrupta. El público era variado. Nosotros contábamos cosas que nadie contaba, que ningún medio publicaba. El público quería eso. Y lo hacíamos con un lenguaje que no era el de los periódicos. Hacíamos un papel desordenado, pero decíamos verdades. Las letras de las canciones eran periodismo. Nos venían a ver jueces. Fue impresionante. Iba un montón de gente a vernos. Era un grupo de denuncia muy poco formal, con una música desafinada, pero tenía fuerza. Tenía alma. Creo que Rock & Press fue el mejor trabajo periodístico de mi vida.

La divulgación del patrimonio y la arqueología urbana son dos temas que también aparecen en el libro. Ambas actividades lo vinculan con sus recorridos por el cementerio de Palma. ¿Qué le atrae de ese mundo?

La historia de los cementerios es un poco como la historia de Rock & Press. Es una casualidad. Un año fui al cementerio de Palma para hacer un reportaje en el Día de Todos los Santos. Y entonces me sorprendió que el cementerio no tenía bibliografía, no había nada escrito. Es cierto que no es un gran cementerio, pero es bonito. Después de tantos años en Palma conocí muchas historias e identificaba a muchos de los personajes que estaban muertos. Y pensé que podía escribir una guía de paseo. Estuve como un año yendo todos los días. El cementerio es un mundo inmóvil que vive en el pasado lleno de presencias ausentes, lleno de simbologías que la gente ya no entiende. Y eso me fue cautivando cada vez más. Luego propuse hacer un inventario de la parte histórica. Y después, como tenía tanto conocimiento, organicé visitas nocturnas para divulgarlo.

¿Qué le decía la gente, sus amigos, cuando usted contaba esta idea?

Decían que estaba loco, pero ir al cementerio es una catarsis, es un psicoanálisis. Yo no hacía nada truculento. Teníamos luces, música, tocábamos fibras sentimentales, pero nada de disfraces, de asustar, etc. También ha sido una de las grandes experiencias de mi vida. El cementerio, como otros sitios arqueológicos, tiene algo que a mí siempre me ha tocado mucho. Me refiero al concepto de topofilia que desarrolla el escritor francés Gaston Bachelard. Es decir, cuando tú te relacionas y quieres a un espacio luego el espacio te devuelve amor de alguna manera. Y yo lo he experimentado. Las visitas siempre las hice con amor y respeto y en el cementerio, cuando yo iba por la noche cuando estaba vacío, sentía eso: amor. Me quiere y yo le quería.

De todos los perfiles, el del escritor Cristóbal Serra es el más extenso. ¿Hay alguna razón particular?

Fue un poco mi maestro. Representa el destino triste de algunos mallorquines que no se les ha reconocido el valor que realmente tienen. Era una persona de primera categoría, muy peculiar. Podía haber estado en París, en Nueva York. Era súper palmesano. Fue un tío que la sociedad mallorquina y palmesana teniéndolo aquí no lo aprovechó. Es un hombre que murió y no encuentras sus libros. Fue un hombre generoso, ayudó a mucha gente. Mi libro Mallorca Mágica tiene muchas ideas que son de él. No se le ha hecho un homenaje, no se le ha puesto una calle. Es una pena. Yo he puesto mi granito de arena.

Usted es escritor, periodista, músico, hizo series de televisión, fue guionista de exposiciones, ha sido profesor. ¿Cómo se define?

Siempre he sido una persona esencialista. Es decir, me ha importado poco lo que no es importante. Siempre me he vestido mal, no he tenido grandes casas, no he tenido buenos coches. Me ha interesado más la forma de vivir. Me interesa mucho, y cada vez más, la relación con el paisaje. Por eso estoy en Mallorca y he vivido en las islas porque he escrito libros sobre todas. Entonces eso me ha llenado mucho. Creo que es un poco el norte de muchas actividades que he hecho. El buscar cosas que yo considero importantes. Y si no tienes dinero, no tienes prestigio, o no tienes reconocimiento social, pues mira…no es tan importante. Lo que tú describes no son profesiones, son experimentaciones. A veces me entrevistan en la radio y me dicen que soy como un hombre del renacimiento (se ríe). Y yo digo que no porque no soy ni abogado, ni juez, ni ingeniero, ni científico, ni militar. Soy un aficionado y todo lo que hago conforma un acto de comunicación.

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