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Garridiario, 30 de enero de 2022

Faltan diez minutos para empezar. Y solo hay unas cuantas personas en el público. Repaso con cierto nerviosismo el guión. Lo he de leer yo solo. Iluminado por un foquito de 50 watts que yo mismo acciono. Pese a todo, me siento igual de tenso que si tuviera que actuar en el Albert Hall ante dos mil personas.

¿Qué ha pasado en estos últimos diez años? ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Durante todo ese tiempo tuve el privilegio de poner en marcha un proyecto de divulgación cultural, al que llamamos Carlos Garrido Escènic. Gracias a él vivimos momentos irrepetibles. De esos que se te quedan grabados con el alfiler de la emoción.

Pero la lenta progresión de los costes y sobre todo las limitaciones por la pandemia, acabaron por transformar lo que eran espectáculos corales en monólogos solitarios. De los grupos de cincuenta personas a los pocos espectadores que esperan pacientemente a que empiece.

Foto: Biel Servera

Con 'el Escènic' vivimos momentos irrepetibles. De esos que se te quedan grabados con el alfiler de la emoción.

En la primera década de los años 2000 me decidí a poner en marcha una idea que me rondaba en la cabeza desde hacía mucho tiempo. Escribir una guía sobre el cementerio de Palma. Un paisaje cultural casi desconocido. Aquello me llevó más tarde a realizar en 2010 unos itinerarios nocturnos por el Cementerio. Iluminando algunas estatuas. Recreando esa geografía de paz y eternidad.

Mis amigos decían que estaba loco. «¿Quién va a querer pasear de noche por el Cementerio?».

Pero fue un éxito. Año tras año fuimos reeditando aquel formato con gran afluencia de público. Aquello nos impulsó a otros proyectos. Por ejemplo «Les veus de Bellver». Un auténtico recital interpretativo de Rodo Gener en diferentes partes del castillo, ornado con una iluminación especial y creativa. El público también respondió.

Foto: Cristina Andreu

Mis amigos me decían que estaba loco: ¿quién va querar pasear de noche por el cementerio?

Alentados por ello, seguimos buscando lugares para aquella mezcla de teatro, explicación y música. «Jo Odisseu», «Perduts a Cabrera», «Crepuscle a Santüeri», «Presències al Solleric», «El teatre de la història», «Aventura al Baluard», «La gran aventura de Jaume I», «La nit del Comte Mal», «El somni d’Esculapi», «El crani enclavat», «Els guerrers del passat tornen a Son Real», «Estrelles i talaiots», «Mallorca màgica», «Ramon Muntaner i la memòria dels reis a Santes Creus»…

En un estante de mi despacho guardo más de cincuenta originales de guiones, algunos realizados y otros no. Siempre con un equipo más o menos estable: Rodo Gener, Mariona Forteza, Xavi Núñez, Josep Mercadal, Laura Dalmau, Carme Serna, Xim Vidal, Pep Toni Brotons, Antoni Miranda, Arantxa Andreu, Jose Calatayud, Marta Cabrero y la iluminación de Dominic Hull, Miquel Marquès y Adrià Ferrà.

Y siempre en escenarios singulares: el Cementerio de Palma, el castillo de Bellver, la necrópolis de Son Real, el monasterio de Santes Creus (Tarragona), la ciudad griega de Empúries (Girona), las ruinas ibéricas de Ullastret (Girona), las cuevas de Artà, Can Balaguer, Cabrera, la finca del Galatzó, el Llatzaret de Maó, las calles de Ciutadella, la fortificación de La Mola…

Foto: Marta Sáez

Diez años que te llenan las pupilas de paisajes y la memoria de momentos únicos. Como la imagen del Comte Mal en su finca del Galatzó, contra la luna y escuchando los relinchos de un caballo. O los ecos del «Salve Regina» en la iglesia de Santes Creus. O las luces de Palma, como una visión irreal, desde la terraza del castillo.

Tal vez regresen aquellas aventuras tan complejas y trabajosas. O tal vez no. Porque los tiempos cambian tan rápido que resulta imposible de predecir.

Pero no importa. Porque, mientras tanto, sigo repasando el guión y vigilando de reojo a mis escasos espectadores. Porque con los años he comprobado que lo importante nunca es la cantidad sino la calidad.

Y que el camino, aunque sea complejo y oscuro, hay que recorrerlo hasta el final.

Por eso saldré con mis papeles a leer textos de Homero, Virgilio, Hesíodo o Dante.

Para explicar los caminos del Más Allá.

Mientras el Destino lo permita.

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