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Garridiario, 12 de marzo de 2022

Me habían encargado un libro sobre «La Ilíada» y la verdad es que no sabía por dónde empezar. Lo único que se me ocurrió fue ir al museo del Louvre, y buscar el célebre busto de Homero que se encuentra en una sala aledaña a la Venus de Milo. Es una obra del tiempo de la Roma imperial, que llegó a pertenecer a Napoleón. Un retrato imaginario, como todos. Nos presenta a un anciano con gesto un poco agrio, los rasgos finos, mientras sus ojos de ciego parecen escrutarte con severidad.

Estuve toda una tarde frente al busto de Homero. Ningún turista se interesaba por él. Pero a mí me parecía fascinante. Por la expresión, los detalles. Allí estaba uno de los creadores de la cultura occidental. Delante mío. En aquellas horas reflexioné mucho, contemplando al autor de «La Odisea» y «La Ilíada». Y al final me vino la idea, de la que habría de salir un libro: «Duermes y me olvidas».

Siempre tuve la tentación de hacerme con una reproducción de aquel busto, y cuando Internet se desarrolló empecé a buscarlo

Desde aquel año 2004 me quedó una gran querencia hacia Homero, como un personaje vivo con el que hubiera compartido una larga charla. Y siempre tuve la tentación de hacerme con una reproducción de aquel busto. Cuando internet se desarrolló, empecé a buscarlo. Pero las piezas eran zafias y sin espíritu. No se parecían al Homero que había conocido.

Hasta que en diciembre del año pasado, en uno de esos ratos en los que vagabundeas por las redes un poco al azar, di con una página de reproducciones artísticas. ¡Y allí estaba un busto que me recordaba al del Louvre! Reproducido gracias a las impresoras de 3D.

No lo dudé, y sin pensar en el precio lo adquirí. Fue entonces cuando vi que venía de un poco lejos. Lo había elaborado un artesano llamado Rodion, en la localidad de Zaporizhzhya. Al sur de Ucrania. Un país que todavía no estaba tan de actualidad como ahora.

Se me hizo muy larga la espera. Dos meses sin noticias de Homero. Y justo cuando tenía que salir de Mallorca unas semanas, me llegó un aviso de Aduanas. Fue un proceso complicado, declaraciones, pagos de tasas, encargar a alguien que me lo recogiera…

Y Homero llegó apenas unos días antes de que estallara la guerra. Hoy, la página de Rodion está «tomándose un descanso». Seguramente asolada por el cataclismo bélico.

Ahora Homero me contempla con gesto hosco, no sé si para impulsarme a trabajar más o me anuncia el final de una época

¿Existen los mensajes del Destino? ¿Las casualidades pueden ser significativas?

El poeta que retrató mejor la guerra en la antigüedad venía del país donde se desarrollaba la peor crisis europea desde la Segunda Guerra Mundial. Él que supo retratar el miedo, las pulsiones, la venganza, el dolor, el horror de la guerra, parecía un heraldo de nuevos tiempos oscuros.

Ahora, Homero me contempla cada día con gesto hosco. Y no sé si lo hace para impulsarme a trabajar más o me anuncia el final de una época histórica y el advenimiento de tiempos peores.

Porque nada ocurre por casualidad.

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